Mi pequeño San Valentín

Antes de empezar a leer este post, me gustaría que pudieras hacerlo simultáneamente mientras escuchas esta canción: HAUSER – For The Love Of A Princess, este es mi pequeño regalo de San Valentín para ti💜

Esta semana es el recordatorio constante del amor, es San Valentín, si indagas el origen de la celebración de este día encuentras que: “Es una festividad de origen cristiano que se celebra anualmente el 14 de febrero como conmemoración de las buenas obras realizadas por san Valentín de Roma, que están relacionadas con el concepto universal del amor y la afectividad”. 

A mí, esta festividad no me recuerda al amor (eso ya intento aplicarlo en todos los aspectos de mi vida), me recuerda a una persona quien cambio mi manera de entender los procesos migratorios y sobre todo, el duelo. Su nombre es Valentín Rodil Gavala y es el psicólogo responsable de la Unidad Móvil de intervención en duelo y crisis del Centro de Humanización de la Salud, su explicación sobre el duelo migratorio siempre me ha maravillado porque lo explica con una metáfora muy simple que expongo a continuación:

Los enebrales costeros de Doñana son los más grandes de Europa, este árbol, el enebro crece en zonas de dunas vivas que se mueven amenazando con quedar sepultados bajo la tierra.

Para evitar esto, el árbol retuerce el tronco, se deforma y arraiga por fuera de la tierra y en su propio cuerpo como un ejemplo de resiliencia natural en el que flexibilizarse para adaptarse supone el logro de sobrevivir.

¿Por qué me parece tan excepcional esta definición?🔝 Porque el proceso que realiza en la actualidad cualquier persona migrante es algo similar a los enebrales costeros de Doñana. Su identidad se retuerce, se adapta a un país que no acoge, se deforma y se arraiga de tal manera que consigue mantenerse en condiciones que no son las favorables para su adaptación y al mismo tiempo, me parece la definición más clara de amor, amor hacia ti mismo/a, amor hacia tu hijos/as, amor hacia tu pareja, amor hacia los demás.

La migración de mis padres, como la de otros muchos padres, es el acto de amor más puro que hay en la tierra, recogieron su vida en maletas, viajaron con sus hijas pequeñas y se enfrentaron a lo nuevo para ofrecerles una mejor calidad de vida. Este tipo de amor, el que mueve las montañas, el que cruza las fronteras, el que implica perder y ceder un poco para ganar, el que te hace dejarlo todo por alguien para comenzar de nuevo, es lo que debería conmemorarse en esta festividad.

Lo cierto es que, si vemos la migración “con amor”, veremos que ella en si misma entraña la esperanza, sueños, deseos y mucha resiliencia…perdónenme, pero si todo esto no sale del amor más humano, entonces es que he vivido toda mi vida con una idea de amor que no existe🤷🏽‍♀️. Por lo contrario que se pueda pensar, si que existe, lo veo todos los días🙋🏽‍♀️. Lo veo cuando una madre se esfuerza cada día para traer a sus hijos desde su lugar de origen con un tramite tan frustrante y cargado de tanta emoción como es la reagrupación familiar. Lo veo cuando un hijo/a envía dinero a través de remesas para ayudar a su familia en su lugar de residencia. Lo veo cuando una persona migrante ayuda y orienta a otra sin ningún tipo de interés ni beneficio únicamente por el hecho de “yo lo hice así”.

El otro día leí una frase en Instagram de @topmanta_bcn que no es más que el reflejo de todo lo que quiero expresar con este post.📣 “Nadie pone a su hijo en un barco a menos que el agua sea más segura que la tierra”.

Para mí, la migración no es solo un cambio de contexto al cambiar de un sitio a otro, sino que involucra una transformación central en la vida de la persona, alterando su vida, la concepción de sí misma, la forma en la que se relaciona con otras personas y en relación con la frase a las personas que deja atrás.

La forma en la que la sociedad acoge a la persona migrante tiene un gran impacto hacia estas y de esta manera también determina el proceso de adaptación e integrador. Es más, las personas que conocemos al inicio de nuestra etapa migratoria determinan el tipo de relación que establecemos con las personas, si nos tratan con amor, nos acogen, nos integran y nos incluyen dentro de la sociedad, mis habilidades, mi historia y mis conocimientos pasan a ser una contribución y a generar impacto positivo a mi alrededor, en la vida de los demás. Pero si me tratas de manera hostil, con prejuicios y estereotipos, al final, como mecanismo de defensa yo andaré por la vida a la defensiva, desconfiada y de forma solitaria.

El amor, crea comunidad y esta demostrado que cuando trabajamos en comunidad las repercusiones siempre son positivas, hay un proverbio africano que dice: “Si quieres ir rápido camina solo, si quieres llegar lejos ve acompañado”.  

Cuando no hay amor, hay soledad y si eres migrante, añádele incertidumbre, desasosiego, tristeza y unas dosis de frustración, porque si bien escogió migrar, su historia migratoria no es ni de lejos lo que pensó que ocurriría. Cuando los proyectos vitales no se cumplen, no se obtiene la suficiente estructura social, personal y habilidades sociales que nos permitan enfrentarnos a esos acontecimientos que desequilibran nuestra vida, surgen lo que Valentín Rodil, en su libro “se me ha roto la vida” comenta que son “roturas en nuestra identidad” haciéndonos a veces sentir incapaces de poder dominar y enfrentar el curso de nuestra propia existencia.

Así que la próxima vez, que conozcas o que te relaciones con una persona migrante, pregúntale ¿Por qué migró?, pero no desde la curiosidad, sino desde el amor porque seguro que tiene una gran historia que contar y ahí en esa simple pregunta esta tu pequeño Valentín.  Claramente por la profesión que escogí, el Trabajo Social, yo decido todos los días tener mi pequeño día de San Valentín y vivir con amor, pero no el material, no el bilateral, no el interesado, sino que miro la vida con amor y tratando a todas las personas “como me gustaría que me trataran a mí” porque nuestro lugar de nacimiento no determina nuestra calidad humana, como actuamos ante los demás sí😏.

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Imagen de Pexels en Pixabay 

Publicado por Daniela Montes Arenas

Migrante colombiana, llegue a España con 10 años, acabe la carrera de Trabajo Social y ahora cuento 10 años de experiencia en el tercer sector. Soy especialista en Migración, con un experto en mediación y dos Máster (ambos por la Universidad Complutense de Madrid), el primero en Trabajo Social Comunitario: Gestión y Evaluación de Servicios Sociales y el segundo en Dirección de Fundraising Público y Privado en Organizaciones sin Ánimo de Lucro.

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