Que hablemos el mismo idioma, no significa que nos comuniquemos igual

Que hablemos el mismo idioma, no significa que nos comuniquemos igual. ¿Parece una paradoja verdad?, ¿como si hablamos el mismo idioma, no nos comprendemos? ¿Por qué no nos comunicamos igual? Y mejor aún ¿Por qué se da por sentado que debemos hacerlo? ¿Y si no hablo el idioma? ¿Cuánto tiempo necesito para adaptarme? 

La instigación de este post ocurrió de la forma más cotidiana posible y que cuento a continuación: Estábamos en una videoconferencia familiar, mi prima pequeña había cambiado su color de cabello a rubio, mi hermana en tono cariñoso le preguntó ¿Por qué te pusiste mona? Y mi cuñado (español) le dijo a mi hermana, ¿Por qué le preguntas si se ha puesto guapa? Quitando las respuestas y resumiendo mucho la conversación. La palabra ‘mona’ en Colombia equivale a tener el color del cabello rubio, mientras que en España es cuando estás bonita. Si bien este es un ejemplo sencillo, es como se podría ejemplificar este post.  

En la conversación éramos más personas, con estructuras culturales distintas y con un manejo del lenguaje igualitario y aun así entendimos cosas distintas sólo con una palabra, en este caso ‘mona’. 

La clave es la comunicación

La utilización de un idioma no sólo es un sistema que nos permite identificarnos, sino también permite contactar con la sociedad y establecer vínculos. Por ello, nuestras capacidades de desenvolvernos en él afectan tanto a la vida cotidiana como a la construcción de nuestra identidad y por ende tiene impacto en nuestra autoestima y autoconcepto. Comunicarnos expone una necesidad, la de ser escuchados, comprendidos, aceptados y legitimados como parte ‘de algo’. 

La comunicación genera en las personas migrantes situaciones de estrés al padecer nervios a la hora de expresarse en otro dialecto o idioma, es más, esta situación en conjunto con otros factores puede crear problemas a la hora de gestión de trámites administrativos, acceso a ofertas de empleo o limitar las oportunidades disponibles por sentirse más torpe a la hora de expresarse o creer que no se tiene el conocimiento del idioma suficiente. 

En el caso del aprendizaje de otra lengua ocurren situaciones con las que sin duda nos podemos sentir identificados: 

  • A veces, no se puede transmitir la verdadera personalidad, porque quizás esta no se traduce bien al nivel de la cultura de acogida, como puede ocurrir con el sentido del humor.  
  • Se puede mal interpretar la comunicación no verbal, hay culturas donde se realiza más contacto físico a la hora de comunicarse que otras.  
  • La manera en la que insultamos o manifestamos verbalmente nuestra disconformidad. Ejemplo: Las personas venezolanas utilizan el termino ladilla para calificar a una persona como insoportable.  Bueno y ya la expresión de “cagarse en …” algo tan español, no importa los años que lleve en España, nunca para de sorprenderme.
  • Las expresiones en torno a nuestro cuerpo, canon de belleza…etc. En Andalucía es común que las personas se llamen entre sí, picha o chochito, haciendo referencia de manera cariñosa. 

Es más, el manejo de idioma determina como se ven las personas a ellas mismas y cómo son percibidos por los demás. Aprender tanto el idioma como la comunicación no verbal no es fácil, requiere tiempo, esfuerzo y el éxito depende mucho de la complejidad de la lengua materna, la necesidad del aprendizaje, la motivación al hacerlo, las propias capacidades de la persona y las circunstancias migratorias.  

¡Ojo! Claramente las personas hispanohablantes, tenemos muchas más facilidades, pero vuelvo al título de esta entrada, porque además cuando no lo hacemos y mientras lo aprendemos las personas pueden sentirse que no son parte, es decir, se sienten excluidas.  

No comprender los códigos culturales y comunicacionales como pueden ser las sutilezas, los silencios, el tono (a ver que los españoles de primeras siempre parecen bordes) los tiempos o las formas de cortesía, pueden provocar choques culturales que dificultan la participación y la convivencia. 

Los factores que influyen positivamente en los procesos de acogida son la mediación intercultural. 

Para mí, la mediación es la clave, es la herramienta que permite establecer vínculos. Ayuda a la búsqueda de equilibrio de lo que dejamos atrás, de manera parcial lo que nos ha aportado nuestra cultura de país de origen con el sumatorio de la incorporación de nuestra cultura extensa del país de acogida. Juega un papel tan fundamental que una persona externa a ti, te comprenda y que además facilite el canal de comunicación con el lugar de acogida desde tu cultura, tu enforque y respetando tus vulnerabilidades.  

El rol que juegan las personas mediadoras interculturales es de legitimar a la persona dentro de su contexto de vulnerabilidad por falta de redes estables, con posibles barreras lingüísticas, sociales (salud y trabajo), emocionales (lenguaje no verbal), familiares, comunitarias (identidad y pertenencia), tan esencial para integrar la lengua y cultura tanto del lugar de origen como el de acogida ¡Vaya, es una especie de catalizador emocional entre dos personas!

La convivencia y bienestar social se basan en el contacto y la comunicación, por eso el papel de la mediación intercultural en todas las esferas institucionales es tan importante, ya que a medida que se mejora el uso del idioma y los códigos culturales, se mejora la comunicación y se permite una mayor participación. Sentirse parte de un grupo, interactuar en los barrios, intercambiar las experiencias propias, tener amistades, realizar actividades que interesan favorecen el bienestar y los lazos sociales con la comunidad. 

La educación es la clave y la mediación es la herramienta para la tolerancia. Contar con profesionales formados para la mediación intercultural permite a las personas migrantes encontrar espacios donde se reconozca y respete la diversidad cultural como modos diferentes de ser, estar y actuar con diversas formas de dar sentido y significado a nuestra vida y el mundo por repercusión social,  

Ahora que hablamos en los medios de la situación en Afganistán y la acogida de personas refugiadas es fundamental desde la corresponsabilidad, se promuevan espacios de participación transculturales, creando confianza, mostrando empatía, no juzgando, reconociendo el esfuerzo, teniendo paciencia, intercambiando opiniones y no presionando a las personas a alcanzar objetivos poco realistas. La clave reside en la empatía y el respeto mutuo, herramientas sin duda fundamentales en la mediación intercultural. 

Por último, comenzando la etapa escolar, he decidio incluir una nueva pagina en el blog de lecturas recomendadas. En ella, podrás encontrar los enlaces directos de todos los libros quue he leido, que estoy leyendo y que sin duda recomiendo para mejorar no sólo en los conocimientos hacia la perspectiva migrante, sino también en el antiracismo, feminismo y trasnculturalidad.

➡️Si te gusta el contenido o crees que puede ser útil para alguien, ¡No lo dudes, compártelo! Una manera de luchar contra el racismo es compartir buena información 🙂🌎

Publicado por Daniela Montes Arenas

Migrante colombiana, llegue a España con 10 años, acabe la carrera de Trabajo Social y ahora cuento 10 años de experiencia en el tercer sector. Soy especialista en Migración, con un experto en mediación y dos Máster (ambos por la Universidad Complutense de Madrid), el primero en Trabajo Social Comunitario: Gestión y Evaluación de Servicios Sociales y el segundo en Dirección de Fundraising Público y Privado en Organizaciones sin Ánimo de Lucro.

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