IDENTIDAD MIGRATORIA

A lo largo de la historia, cada sociedad, grupo humano ha ido creando una serie de categorías, códigos culturales y estigmas que nos han permitido establecer organizaciones, maneras de entendernos, que nos han servido mayoritariamente como una forma de identificación. Por eso hoy hablaremos de la identidad migratoria.

Cuando hablamos de la migración no comunitaria (no europea) pasa algo muy característico y es que ya no hablamos de migrantes (no tratamos igual a un francés que, a un camerunés, aunque ambos hablan el mismo idioma), sino que hablamos de inmigración y por ello, el lugar ocupado por el extranjero o por el inmigrante siempre es inferior.

Es más, hablamos de que en este caso el inmigrante carece totalmente de la capacidad de identificarse individualmente, le es negada, puesto que primero siempre debe de justificar el porqué de su migración, legitimándola por medio de un empleo, o relaciones…etc. Además de ser sesgado por el grupo concreto al que pertenece y le define (la nacionalidad), provocando la obligatoriedad de tener unas relaciones definidas, para a través de su estatus migratorio participar de la sociedad.

Lo que no se tiene en cuenta es que la segregación a partir del estatus migratorio genera automáticamente una línea invisible de diferenciación espacial y cultural que además es una señal tangible de que existe la inferioridad y las clases migratorias.

¿ Por qué no hablamos de identidad migratoria?

Históricamente la migración, pero sobre todo la inmigración nunca ha sido planteada en los términos de identidad migratoria, no interesa, pero si a nivel político y se politiza la identidad de las sociedades de acogida como una cuestión de pérdida de identidad de aquello que les pertenece y que con nuestro supuesto intrusismo robamos.  Y como no se permite abiertamente la posibilidad a las personas migrantes del desarrollo de su identidad migratoria, hace que esta no se desarrolle, comparta y genere cambios en la sociedad de acogida. ¿curioso no? Puesto que a partir de aquí ningún argumento anti migratorio tiene sentido…

Quizás, esta falta de un pasado identitario hace que las condiciones de las personas inmigrantes sean determinadas sólo por cuestiones socioeconómicas y democráticas, sin tener en cuenta la salud mental, las situaciones de incertidumbre a las que se les expone por las precariedades laborales o como defiende la plataforma de #regularizaciónya, un sistema de acceso a un estatus migratorio que impida las violaciones a los derechos humanos.

Cuando las personas tienen que pasar más de tres años en un país en situación administrativa irregular ¿De qué van a comer? ¿Cómo van a pagar los alquileres?😕 Ah, es verdad, que es que a las personas inmigrantes tienen que enfrentarse no sólo a la precariedad laboral sino también a la discriminación para el acceso a una vivienda digna.

Ser inmigrante, te expone a una condición que más que transitoria es permanente, porque no hablamos de una minoría, es más, si accedes a la nacionalidad española no dejas de ser inmigrante. ¡Ojo que tus hijos/as también llevaran la escaleta de inmigrante!😟 No te puedes borrar el color de piel echándote lejía, tus rasgos no desaparecen y tu identidad cultural tampoco, y esto genera en nuestras identidades migrantes una realidad ambigua que juegan constantemente con nuestro pasado, el presente y el futuro, no vamos a dejar de ser quieres somos como comunidad migrante, pero si se crean fracturas en nuestra existencia humana😩.

Las personas migrantes no somos un grupo homogéneo, pero si no lo es el país ¿Por qué nosotros si tenemos que serlo?, lo que si somos es un colectivo, que no sólo se ve perjudicado por las leyes migratorias, si no que la falta de una política migratoria clara nos convierte en ciudadanos de segunda categoría, no somos permanentes, es chistoso😅 porque al final es como si no pensaran que donde estamos, es donde vamos a envejecer.

¿Qué pasa cuando no hay identidad migratoria?

Photo by Farzad Sedaghat on Pexels.com

Para mí, como trabajadora social, el problema radica, en que siempre se deposita en la persona inmigrante la responsabilidad de buscar su integración en el proceso migratorio en el país de acogida y para esto, debe de perder su identidad🤷🏽‍♀️.

Lo cierto es que somo seres individuales tendemos a cerrarnos cuando nos sentimos amansados, si nos encerramos en nosotros mismos, renunciando a lo social, a lo comunitario, a lo que me hace diferente y renunciamos a nuestras particularidades con la intención de hacer parte de la nueva sociedad donde no encajamos por ser el extranjero.

La falta de identidad migratoria hace que las personas inmigrantes cuando ya se sienten integrados (más no incluidos) en espacios donde cambian de posición social, hace que se vuelvan intolerantes hacia las personas que migran posteriormente a ellos, puesto que el no desarrollas una identidad colectiva y pasar por un grupo provisional que es discriminado por la posición social, la lengua, las costumbres y pasar a una situación de derecho, olvidan su identidad migrante.

La identidad migratoria, no se define en función de nuestras culturas propias o pasadas establecidas por la etnia, la religión o el lugar de procedencia si no que es una situación que nos obliga a poner en valor nuestra pertenencia cultural para enriquecer nuestro futuro. 

Es el fruto de la interacción social entre la sociedad de origen y la de acogida, podemos establecer que el final esta identidad depende tanto de la sociedad como de individuo porque no es un proceso estático, sino por el contrario está en cambio permanente👊🏽.

Y como dice Sami Naïr en su artículo en el país sobre inmigración e identidad “hay que distinguir entre inmigración y pertenencia cultural, hay que liberarla de los sobrios y nefastos prejuicios del ‘origen’. Es la mejor forma de pararle los pies al estallido incontrolable de la violencia racista”.

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Publicado por Daniela Montes Arenas

Migrante colombiana, llegue a España con 10 años, acabe la carrera de Trabajo Social y ahora cuento 10 años de experiencia en el tercer sector. Soy especialista en Migración, con un experto en mediación y dos Máster (ambos por la Universidad Complutense de Madrid), el primero en Trabajo Social Comunitario: Gestión y Evaluación de Servicios Sociales y el segundo en Dirección de Fundraising Público y Privado en Organizaciones sin Ánimo de Lucro.

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