El amor, la autoestima y las narrativas migratorias

Esta semana, hablando de los días que han girado en torno al amor, he querido centrarme en la utilización de la comunicación y la narrativa migratoria, como una forma de manifestación de este amor hacia las personas migrantes y cómo esta influye directamente en su autoestima, sobre todo a aquellos que llamamos inmigrantes.  

Cuando hablamos de personas inmigrantes, poco se relaciona con el amor, es más se utiliza una comunicación que da a entender que provienen de otras realidades abstractas o aparentemente lejanas a nuestra cotidianeidad, vamos de otro planeta.  

Nos resulta inabarcable emocionalmente las guerras de otros países, la sequía de otros contenientes, los procesos de regularización de la población extranjera o las problemáticas estructurales a las que están expuestas porque simplemente son inmigrantes. No son como yo, no son mi prójimo, no hay amor, y si este no está no hay implicación y abunda la insensibilidad. 

La utilización de narrativas sin amor hacia las personas migrantes genera efectos en ambos lados, puesto que no es sólo el emisor, también es el que recibe el mensaje. Es decir, hemos olvidado el amor al prójimo, para hablar del extranjero, del que es menos y a quien no quiero. 

¿Cómo afecta la comunicación a la autoestima de las personas inmigrantes? 

La autoestima tiene dos componentes importantes, el sentimiento de capacidad personal y el de valía personal. Estas dos cuestiones son totalmente invisibles para las personas que se encuentran en situación administrativa irregular, como ilegales no hay valía, no hay posibilidad de visibilizar lo esencial de las labores que ejercen, los cuidados, las labores del campo…etc. 

Como personas, nuestras respuestas a los acontecimientos dependen de quien, y que pensemos que somos en muchas ocasiones, al final nuestras reacciones son los reflejos de la visión más íntima que tenemos de nosotros mismos. Si para el sistema estoy fuera, si para los medios soy la invasión, si para la ciudadanía soy el extranjero, el que no quiero entonces, ¿quién soy? ¿nadie?  

Desarrollar la autoestima equivale a potenciar la convicción de que uno es competente para vivir y merecer la felicidad, pero ¿qué pasa cuando el sistema te dice una y otra vez que no lo eres? Pues que eso de enfrentar la vida con confianza, benevolencia y optimismo desaparece por incertidumbre, deslegitimación y negativismo, las personas migrantes ven una y otra vez como se desmeritan sus conocimientos, capacidades personales y laborales y se les “diagnostica” según el deber ser de las cosas y no sobre “el deber ser de sus metas y plenitud” impidiendo el desarrollo de su autoestima y salud mental sucumbiendo a la desesperación o a la derrota de lo que deben de ser por estar en situación administrativa irregular.  

Las personas inmigrantes no van a desaparecer de nuestras sociedades, migramos por amor, hacia nuestra familia, hacia nuestras vidas…etc. Pero si podemos mejorar, es la narrativa migratoria, mejorando nuestra convivencia porque “el color de nuestro pasaporte no debe determinar nuestra calidad humana” y mucho menos el poder de nuestros sueños. 

¿Por qué no hablamos de narrativas migratorias del amor? 

Lucila Rodríguez-Alarcón y Violeta Velasco, en el año 2021 presentaron el documento Narrativas migratorias del amor. De la solidaridad a la Comunidad para la fundación PorCausa compuesta como una organización de investigación, periodismo y migraciones.  

Este documento pretende abrir un nuevo espacio de trabajo que solo se dará si somos capaces de entender lo que nos está pasando y reaccionar del modo adecuado, no sólo narrativa sino también vitalmente. 

Una de las reflexiones expone que dentro de nuestra naturaleza humana está el sentirnos útiles y esto está directamente relacionado con el amor propio, la autoestima y nuestro autoconcepto y por ello también está vinculado con generar relatos de “anti-amor” como la culpa, la flagelación o el individualismo. Cuando amamos, lo hacemos en comunidad, lo hacemos en grupo, lo hacemos por acción.  

Ambas comentan que cuando tenemos un espacio compartido, cercano, éste pasa a ser responsabilidad de todos, activando comunidades poderosas y no individuos solos. Por eso hay que hablar desde el amor, hacia la solidaridad, creando comunidad. Cuando vemos y reconocemos que al final todos estamos hechos de trocitos de migración, creamos espacios cernas y reconocibles donde el nadie tiene nombre, historia y propósito, haciéndole útil y poderoso en el control de su vida, permitiéndole ejecutar el arcoíris de sus sueños.  

Esta semana, la del amor, deberíamos reflexionar sobre como el amor fraterno, el incondicional y el propio hace que el ser de un lugar, tener un color de piel, o ser o no un sin papeles, quede en un segundo plano porque toma relevancia que eres persona, de primera con todas tus virtudes y defectos y no alguien juzgado, condenado y criminalizado por tu etnia, lugar de origen o situación administrativa.  

Cuando nos tratamos con amor, nos tratamos entre iguales y con el pleno desarrollo de nuestros derechos humanos😍

Publicado por Daniela Montes Arenas

Migrante colombiana, llegue a España con 10 años, acabe la carrera de Trabajo Social y ahora cuento 10 años de experiencia en el tercer sector. Soy especialista en Migración, con un experto en mediación y dos Máster (ambos por la Universidad Complutense de Madrid), el primero en Trabajo Social Comunitario: Gestión y Evaluación de Servicios Sociales y el segundo en Dirección de Fundraising Público y Privado en Organizaciones sin Ánimo de Lucro.

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