MATERNIDAD MIGRANTE

Durante toda esta semana, hemos contado con recordatorios sobre lo importante que son nuestras madres en nuestras vidas. En España es curioso como este día es también el Día Internacional del Trabajo y en Latinoamérica está relacionado con una festividad religiosa, lo importante de esta semana en la que también coincide con el día internacional de la matrona, y con el día de ayer, El día Mundial de la Salud Mental Materna, muchos días que reivindican la posición de la mujer como generadora, mantenimiento y sustentadora de la vida.

El año pasado, escribí la entrada ¡Feliz Día de la Madre, mamá migrante! Como una manera de poner en valor mi crianza, agradecer a mi madre como mujer, como ser humano y su esfuerzo para fórmanos como seres humanos. Pero también, a mis amigas, quienes de forma muy generosa me contaron que significaba para ellas, ser madre y como lo vivían desde la distancia. Este año y enlazándolo con la violencia obstétrica a la que se exponen a las mujeres migrantes, hablaremos de salud mental.

Según informes de las Naciones Unidas, el 60 por ciento de las muertes maternas que podrían evitarse tienen lugar en entornos humanitarios, y como mínimo 1 de cada 5 mujeres refugiadas o desplazadas fueron víctimas de violencia sexual

¿Por qué se celebra el día mundial de la Salud Mental Materna?

La maternidad, en sí misma, es un factor potencial a la hora de sufrir trastornos emocionales. Es más, las mujeres no cuentan con la suficiente mecanismos e información para la prevención, detección, y tratamiento de los trastornos mentales asociados a la maternidad. Hablando del día de la madre, es un día para exponer el sobre esfuerzo mental que suponer ser madre en el extranjero.

La maternidad expone a las mujeres a cambios hormonales, cansancio, nervios, angustia, dudas existenciales, sobre ellas mismas, pautas de crianza…etc. ¡Ojo! Que si bien aquí los padres también pueden tener lo mismo anterior, no hablamos en la misma medida, hay un mayor número de madres monoparentales (aquí las estadísticas no fallan). Además, en el mundo 1 de cada 5 mujeres desarrolla en el primer año de vida de sus hijos depresión posparto (a quien afecta esto eh😉).

Si googleas un poco, encuentras información sobre como el estrés de la madre afecta al feto, a su proceso de crecimiento etc. Pero hay muy poco énfasis en que la maternidad introduce cambios en el cerebro femenino que las prepara para estar más alertas, cuidar y criar, y ese cambio no finaliza únicamente con el cuidado del feto, sino que permanecerá para el resto de su vida. Que los primeros años de la vida del menor las madres sean menos productivas laboralmente (que productivas son más que nunca🤫) no es una casualidad, sino que es un tema de cuidado y bienestar.

Esos estresores provocados por las tareas invisibles, las obligaciones del hogar, los juicios sociales, la sobrecarga asociada a la maternidad a la poca corresponsabilidad en la crianza y conciliación laboral expone a las mujeres a un coctel molotov que las lleva a situaciones límite. Pero como la salud mental es una cuestión de riquezas, pocas exponen sobre la mesa y por eso hay potarles como “Malas Madres” que se convierten en el grupo de pertenencia de un sector olvidado.

¿Sabías que en España cerca del 75% las madres españolas trabajan fuera de casa, dedicando un esfuerzo que se suma al del hogar? ¿Qué pasa cuando tú eres una extranjera, sin lazos sociales fuertes a quien pedir apoyo?

La soledad de la maternidad migrante

Las mujeres representan casi la mitad de los 244 millones de migrantes y la mitad de los 19,6 millones de personas refugiadas del mundo. Según Naciones Unidas, las mujeres suelen ser las primeras en reaccionar en situaciones de crisis, cumpliendo un papel fundamental en el cuidado, el sostén y la reconstrucción de sus comunidades.

Es ver como muchas mamás se apoyan en su mamá, ver a tus amigas que van con sus hijos a comer a casa de su mamá, o dejarse acompañar por ellas para ir al pediatra y que te duela el corazón un poco por la envidia. 

No hablo de los sentimientos que se producen en la maternidad, porque yo no soy madre, no quiero hacer eso que hacen hablar lo que hacen normalmente las personas al hablar de la inmigración, apropiándose de sentimientos, contextos y situaciones que no le pertenecen. Creo que con el tema de la maternidad migrante pasa una situación similar, se entiende, pero no se comprende.

No se comprende, porque si bien eres madre, no estas en situación de soledad, o no tienes esa lucha interna de sentirte con un pie acá y otro allá que traspasas a tus hijos/as. Si no eres una familia migrante, la identidad cultural no hace parte de un pilar de tu hogar y la melancolía en la crianza es probable que no exista.

España cuenta con la ratio de mujeres al cuidado del servicio doméstico más alto de toda Europa. Es decir, mujeres de otros países, están criando a los menores de ese número de mujeres que pueden trabajar y permitirse el apoyo en las tareas del hogar. ¿Pero quién cuida a sus menores mientras ellas cuidan a los de otros cuido? ¿Y si no tengo apoyo en el cuidado, renuncio a mi desarrollo profesional? ¡Ojo que esta entrada no es en contra a la maternidad, sino una reivindicación al trabajo incalculable de las mujeres que nos cuidan!

Esta fotografía, titulada Migrant Mother, fue captada por Dorothea Lange en 1936 en Nipomo, California, durante la Gran Depresión. Ponía rostro al Dust Bowl Refugee. La protagonista se llamaba Florence Owens Thompson; su semblante se convirtió en un icono universal de la representación del sufrimiento y la pobreza.

Hoy pongo sobre la mesa, no sólo reivindicar las situaciones de vulnerabilidad y que repercuten en la salud mental de las madres migrantes, sino también un agradecimiento profundo porque hacen solas el trabajo que la mayoría realiza con ayuda (hay abuelos, tías, familia). Porque para migrar por ofrecer un futuro mejor a tus hijos/as es el acto más profundo que hay, una capacidad de sacrificio que los políticos no tienen y que los hombres (olvidan muchos de ellos que existe).

Ser mama migrante, es ser una tejedora de redes, amigos que se vuelven familia (en mi casa siempre ha habido cocina para unos cuantos más), mi mamá, su cocina, siempre sabe a hogar, da igual el lugar del mundo en el que estemos.

La maternidad migrante, es vencer un montón de obstáculos, demostrar fuerza, valentía y coraje de lugares donde hay oscuridad, aportando  ese amor que ilumina espacios y reconforta.

A las madres migrantes y a todas las madres lectoras de este blog, les regalo esta canción💜💜

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Publicado por Daniela Montes Arenas

Migrante colombiana, llegue a España con 10 años, acabe la carrera de Trabajo Social y ahora cuento 10 años de experiencia en el tercer sector. Soy especialista en Migración, con un experto en mediación y dos Máster (ambos por la Universidad Complutense de Madrid), el primero en Trabajo Social Comunitario: Gestión y Evaluación de Servicios Sociales y el segundo en Dirección de Fundraising Público y Privado en Organizaciones sin Ánimo de Lucro.

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